El término modernismo denomina a un movimiento literario que se desarrolló entre los años 1880-1910, fundamentalmente en el ámbito de la poesía, que se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo cosmopolita y una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica.
Se conoce por modernismo a la forma hispánica de la crisis universal de las letras y del espíritu y que se manifiesta en el arte, la ciencia, la religión y la política. En ciertos aspectos su eco se percibe en movimientos y en corrientes posteriores. En las raíces del Modernismo hay un profundo desacuerdo con la civilización burguesa
Escritores modernistas colombianos.
José Asunción Silva (Bogotá, 1865 - Bogotá, 1896) realizó su educación de forma autodidacta desde que abandonó los estudios en 1878. Viajó a París y vivió en Londres y en Suiza. Se suicidó tras el fracaso del negocio familiar y las consiguientes deudas, la muerte de su hermana y de su abuelo y la pérdida de gran parte de su obra en un naufragio. Su obra poética conocida es, por tanto, escasa, aunque se destaca por su innovación y por su gran contenido modernista. Lo más recordado de su obra son los Nocturnos.
Artículo principal: Guillermo Valencia Castillo
Guillermo Valencia Castillo (Popayán, 1873 - Popayán, 1943), fue un poeta, diplomático y político con una gran trayectoria, quien llegó a ser en dos ocasiones candidato a Presidente de la República de Colombia y ocupá una banca de senador. Hijo de una familia de origen español, se empezó a interesar por la poesía en un colegio de sacerdotes franceses. Viajó a París, donde conoció a Darío. Se convirtió en uno de los más importantes modernistas al publicarRitos (1899). Años después, su hijo Guillermo León Valencia fue Presidente de Colombia entre 1962 y 1966.
El Modernismo en Colombia no difiere en gran medida del Modernismo latinoamericano; en definitiva, todo aquello que afirman los románticos lo niegan los modernistas, por lo que no se canta a la abeja sino al cisne. La revista colombiana modernista es Gris, dirigida por Max Grillo, Salomón Parra Aguilera y Ricardo Tirado desde 1892 a 1896. En 1894, Silva publica Nocturno y en 1899 Guillermo Valencia Ritos, inaugurando así una nueva época. La experimentación formal de los modernistas va más allá de los románticos, innovan en metros, en lenguaje y en temáticas. La nación ahora se transmite con la exaltación a individualidades de las letras y la cultura, y se canta a las ciudades, de allí la famosa frase: “La Atenas Sudamericana”. Las tendencias colombianas que se advierten son en contra o a favor de la obra de Valencia, puesto que el Modernismo apenas deja un poeta: Guillermo Valencia, y dos poetas solitarios, José Asunción Silva y Porfirio Barba Jacob (Cf. Ayala Poveda, p. 116).
Baldomero Sanín Cano es señalado como el “crítico del modernismo” por Gómez Restrepo y posteriormente por Maya. También Sanín Cano fue reconocido por desempeñarse como guía del nuevo grupo de escritores que tienen intenciones de renovar las formas literarias según las corrientes de ultramar. Por lo cual, Sanín Cano se convierte no sólo en el crítico, sino en el divulgador y promotor de las escuelas y teorías que se relacionan con el Modernismo; gracias a él, el movimiento logra unidad de propósitos y plenitud de realización. Para iniciar la revolución modernista es necesario el coraje de Sanín Cano, puesto que es inevitable enfrentarse a la tradición y a los hábitos mentales que se oponen en dicho momento a cualquier cambio, representados en Miguel Antonio Caro y en Pombo; es ésta la razón por la cual en Colombia el Modernismo se convierte en una revolución completa, a diferencia del resto de los países del continente. Sin embargo, precisa Maya, sin Silva y sin Valencia, la labor de Sanín Cano no hubiera sido productiva o se hubiera quedado simplemente en la iniciación teórica.
La influencia de países como Francia, Alemania e Inglaterra es decisiva para la formación de la estética modernista americana. España, en un primer momento, no cuenta con buena acogida, por lo que el Modernismo es, asegura Maya, “una especie de segunda independencia de España, al menos en sus orígenes” (p. 23). El Modernismo surgido en América es “cosmopolita”, éste intenta integrar todas las literaturas y doctrinas en una sola visión, y, a diferencia del Modernismo de origen español, dirigido en un sentido histórico y nacional de la tierra, el Modernismo americano exalta lo foráneo, ahogando así lo autóctono. Además, cuando desaparece el Romanticismo y el Realismo de la crítica, de la novela, la poesía y del teatro, el Modernismo busca nuevas proyecciones en el plano de la inteligencia, explorando terrenos de la conciencia; por lo que el hombre como sujeto de investigación y la psicología aportan nuevas perspectivas a la estética modernista. Ante los excesos del Naturalismo, con sus exposiciones sobre la miseria fisiológica de las razas humanas, el Modernismo decide mirar hacia lo decorativo y fastuoso, revelando las exquisiteces del hombre civilizado.
El cultivo del “Yo” es otro de los rasgos modernistas en el cual se exaltan las potencias vitales del individuo, así, después de cultivarlo y moldearlo, se dirige contra la vulgaridad de los demás. En Valencia, por ejemplo, el cultivo del “Yo” se descubre en el acicalamiento espiritual y en la compostura interior, reflejados en el cuidado de las frases y en la exhibición de su saber. De esta forma, los modernistas se caracterizan por su sincretismo, en un intento por acabar con los fanatismos y armonizar las doctrinas, conciliando ideas que se suponen contrarias: “El pontífice León XIII definió el modernismo religioso como el conjunto de todas las herejías. Otro tanto podría decirse, con sentido laico, de la escuela literaria que lleva el mismo nombre, y que fue una ramificación intelectual de la heterodoxia religiosa del siglo XIX” (Maya, p. 36).
Silva es reconocido por Maya, y también por Charry Lara, como el precursor del Modernismo y Valencia como el artista que lleva dicho movimiento a la plenitud en Colombia; del resto de modernistas colombianos sólo se destaca la obra de Víctor Londoño, quien además es reconocido por ser el teórico del Modernismo, por su cercanía con el arte de Valencia. Sin embargo, precisa Maya, los versos de Silva son precursores de la revolución modernista, mas su prosa es fruto de esa revolución en etapa de madurez; el arte de Silva se basa en los viejos temas románticos, pero es modernista porque traslada a la sensibilidad lo perteneciente al plano del sentimiento, disminuyendo así los excesos de lo anecdótico y de lo personal. “La prosa de Silva en De sobremesa, es la prosa modernista en su plena madurez. En Silva culmina la evolución de este género, pero culmina con exceso, pues lleva la reacción al extremo contrario” (Maya, p. 91). La influencia de Rubén Darío “fue lánguida y casi nula en los orígenes de la nueva escuela” (p. 25), por lo cual no se advierte en Ritos la presencia del escritor nicaragüense.
Los centenaristas son la segunda generación modernista, sus mentores ya no son europeos sino que siguen la línea del grupo colombiano precedente. Céspedes, Castillo, Rasch Isla, Liévano y en menos grado Barba Jacob, continúan la estética de Silva, Valencia y Londoño. Los centenaristas abandonan temas anteriores como el tópico griego, y acentúan la expresión lírica, cuidando la técnica métrica; renuncian a la posición polémica y gozan de las conquistas hechas anteriormente, disminuyen su curiosidad por los avances de la cultura extranjera y su radio de acción mental. La etapa inicial del grupo Los Nuevos es la última onda modernista en Colombia, entre ellos destacan Umaña Bernal, León de Greiff, Rafael Vásquez y Pardo García (Cf. Maya, p. 144-145).
Asegura Maya que el Modernismo abre el campo de la visión artística y los dominios del hombre y la cultura como no lo hicieron ni el Renacimiento erudito ni el Romanticismo nacionalista, puesto que “Murió el modernismo, al menos como escuela y tendencia, después de haber removido el ambiente de su siglo con fuerza comparable a la del Renacimiento, y con resultados mucho más fecundos y perdurables que lo que pueden deducirse, como consecuencia de la batalla romántica” (p. 146-147).
Una falla que revela Charry Lara de Valencia y, en general, de todos los modernistas hispanoamericanos es que sus obras son más producto de la lectura de otros libros que de las mismas emociones de los escritores, aunque no deja de desconocer que la experiencia intelectual es tan importante como la vital (Cf. 1985, p. 29). Charry Lara ve al Modernismo como el movimiento que reitera la rebeldía romántica, apoyándose en las palabras de Octavio Paz, para quien “el modernismo fue nuestro verdadero romanticismo” (1985, p. 45), y de Sanín Cano, quien lo califica como una derivación del Romanticismo. La obra que para Charry Lara marca la ruptura definitiva de la nueva poesía colombiana con el Modernismo es Canciones para iniciar una fiesta de Eduardo Carranza, publicada en 1936.
La crítica al Modernismo en Colombia está representada básicamente en dos autores: Luis María Mora y Tomás Carrasquilla, para quienes el movimiento es simplemente un fenómeno de decadencia.
lunes, 17 de mayo de 2010
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